miércoles, 29 de febrero de 2012

“PABLITO” RUIZ: CUANDO TODOS TE CONDENAN, YO TE DEFIENDO


“PABLITO” RUIZ: CUANDO TODOS TE CONDENAN, YO TE DEFIENDO

Ricardo Araya Maldonado
Periodista
            “Pablito” Ruiz: Cuando todos te condenan por las seis fechas que recibiste de castigo, yo te defiendo. Y te defiendo de los puritanos por conveniencia; de los inventores de esa ociosidad llamada fair play; de los “alaracos del micrófono”, que transmiten con la camiseta puesta del centralismo. Te defiendo también, de los tontitos de acá, que repiten como monitos copiones todas las imbecilidades santiaguinas y huasunas, que escuchan por la televisión.
Te defiendo, porque más allá de tus precariedades técnicas, interpretas a cabalidad cómo yo entiendo el fútbol; no renunciando a la diversificación de recursos en pos de un resultado, porque al final lo que cuenta es el marcador, la estadística, la historia. Sostengo, que un jugador debe poner todo de sí, en beneficio del objetivo propuesto, con argumentos futbolísticos y de los otros; hacerse respetar ante sus oponentes y marcar la diferencia, exhibiendo su arsenal de recursos. En palabras simples, me agradan los jugadores cancheros, mañosos, cazurros y experimentados. Y si son extranjeros, tanto mejor, porque conocen a cabalidad cómo los argentinos, uruguayos y paraguayos, ganaron las copas que atiborran sus vidrieras y muy ufanos y burlones las exhiben, mientras los huevoncitos santiaguinos, se empeñan en buscarle “la quinta pata al gato”, aduciendo que fueron ganadas haciendo trampas.
Inversamente, me desagradan los jugadores “quedaos” y “atontaos”; esos que inocentemente lanzan el balón fuera de la cancha, cuando el rival simula estar lesionado sacando ventajas ante la complacencia de quienes aplauden generosamente por ese vergonzoso respeto al fair play. Es decir, festejan el engaño, que tanto repudian.
“Pablito”, te defiendo, porque eres de esos jugadores que “ganan partidos” y en medio de esta debacle que hoy aflige a mi CDA, eres lo más rescatable y, visualmente, lo más atractivo, porque voy a reiterar por enésima vez, que detesto a los enanitos y a los jinetes jugando fútbol; sigo fiel a mis convicciones porque llevan todas las de perder en el “mano a mano”; en los “balones divididos”; en “ganar la posición”; en las refriegas y en los continuos roces y, por supuesto, en el juego aéreo. Un cúmulo de situaciones, muy desequilibrantes, al tener muy presente que el fútbol no se juega solamente con los pies…
Para qué hacerse los inocentones, si en el fútbol chileno abundan las trampas; jugar al filo y fuera del reglamento, incluyendo a los árbitros y la acallada acusación veraniega del ex juez Rubén Selman, denunciando que se arreglaron los resultados de ciertos partidos de la competencia 2011. Y, ni hablar, de la repartija de títulos antes que comience el torneo, entre cuatro paredes.
Otro botón de muestra lo constituye el gol legítimo que te anularon por una inexistente posición adelantada. No, allí no hubo “error de apreciación”, ya que estabas un metro más atrás del último defensa de ese equipito cruzado; adrede equivocación referil, reconocida incluso por los propios comentaristas del CDF, lo cual ya es mucho decir, porque esos llevan las banderas en cuanto a ponerse las camisetas santiaguinas sin ningún empacho, intentando hacer creer cosas inexistentes, como si los teleespectadores fuesen verdaderos tarados, al no considerar que están viendo -exactamente- el mismo partido que ellos están relatando.
Después, en el encuentro contra los huasos de San Felipe, en cada intervención tuya en el área, los árbitros te cobraban la infracción llamada “peligro de gol”; ese invento tan recurrente de los jueces, cuando quieren perjudicar a un equipo y más que eso, te pasaron la factura por el escupo en el estadio San Carlos; lo cual, es una práctica muy habitual en cualquier cancha de fútbol, pero los mojigatos, los dinosaurios y los pintamonos santiaguinos, pusieron el grito en el cielo, ya que son comentaristas de escritorio.
De cualquier forma, tienes que estar con tu conciencia tranquila, porque desde el primer partido te entregaste entero por los colores albicelestes, a diferencia de otros jugadores del equipo, que aún prosiguen indolentemente de vacaciones, cuando han transcurrido cinco fechas del torneo y no se vislumbra por dónde, podrían escaparse de regresar a los potreros. 

lunes, 20 de febrero de 2012

DANDO LÁSTIMA A TRAVÉS DE LA TELEVISIÓN

Ricardo Araya Maldonado
Periodista
 

Todos vieron el partido, a través de la televisión. Por tanto, nadie podrá tildarme de exagerado para catalogar de pobrísimo -y también dando lástima durante todo el segundo tiempo- el cometido de los jugadores antofagastinos frente a la Católica, que consiguió un mezquino triunfo de 1-0, considerando los ocho o nueve goles despilfarrados y que erigieron al portero López, como lo único rescatable en una tarde horrible.
Es doloroso y triste decirlo, pero el cuadro universitario se dio un paseo de principio a fin, jugando a media máquina. Con este equipo puma no pasará absolutamente nada y -reitero- hay que ponerse a rezar todos los domingos para que esta temporada no se transforme en debut y despedida en el retorno al fútbol grande.
El año pasado, inmediatamente después de la vuelta olímpica, entregué una lista de los jugadores aptos para desenvolverse en primera división. Sin embargo, una vez más primó el sentimentalismo barato y típico de los entrenadores chilenos, basándose en simpatías, grados de amistad y gustos personales para continuar con algunos jugadores que carecen de marca, requisito esencial para estar en primera. Por ejemplo el caso de Riquelme, que en todos los años que ha sido contratado en el CDA, nunca fue titular y ahora, como por arte de magia lo es.
En tanto que a Osmán Huerta y Ronald González, les falta viveza, experiencia y -muy importante- contundencia física, porque a falta de esos atributos, hay que llevarse al rival con otros recursos.
Trajeron al “zorrito” Martel, que es un jugador “chambón” por naturaleza y que  tampoco puede pedírsele derroche al por mayor. Del mismo modo, el “peta” castillo, es un jugador muy irregular y del cual no puede esperarse que, por si mismo, de vuelta un resultado.
En otra gruesa equivocación, llegó Villanueva, que más lo he visto sacándose fotos, ya que los “alharacos del micrófono” locales, le dijeron que era el doble David Beckham; claro que le faltan 23.658 kilómetros de fútbol para igualarlo.
Se fue Erick Pino, que pichanguero y todo imponía buen fútbol y tenía gol, quedando Patricio Rubina sin su socio o alternativa en el mediocampo.
Llegaron los uruguayos Lavadeira y Riveros de poquito aporte; mejor dicho de juego intrascendente.
Bonito e infructuoso paseo que se mandó el técnico Huerta al extranjero, buscando refuerzos. Yo hubiera ahorrado esa plata, pegándole un telefonazo –o por Internet- al ex jugador argentino del CDA Jorge Remigio Pautasso, quien hubiese elegido y mandado “bueno, bonito y barato”, entre el millón de jugadores que esperan su oportunidad  de consagrarse en su club Newell Old Boys.
Además, contrataron a “Pablito” Ruiz, cuyo fuerte es su estatura y vigor físico en el área. Además, posee un buen arsenal de mañas, como a mi me gustan los jugadores de fútbol. Sin embargo, sus compañeros“no le dan bola” e insisten en el fútbol cortito, sin sentido y lento. Ni siquiera tiraban centros “a la olla”, en los minutos finales, en que da lo mismo perder por un gol o por veinte.
El cuadro antofagastino posee una mecánica de juego tan arraigada, como nefasta, que solamente se solucionaría con la llegada de jugadores y entrenador con diferente mentalidad y dinámica de juego, porque lo único –sí, lo único- que puede salvar a este equipo es a través de una arenga fabulosa, para motivarlos y hacerles creer que el naufragio puede salvarse corriendo y metiendo la pierna fuerte, durante los 90 minutos e inculcándoles mucho amor por la camiseta, que brillan por su ausencia en estos cuatro partidos jugados.
Dos derrotas. Un empate y un triunfo. Cuatro puntos conseguidos de un total de 12, que representan un 25 por ciento de rendimiento.
Más claro…echarle agua.

 

lunes, 13 de febrero de 2012

“PABLITO” RUIZ, SALVÓ LA PLATA


“PABLITO” RUIZ, SALVÓ LA PLATA

Ricardo Araya Maldonado
Periodista
Con un calor tan inclemente como inusual; con los mismos dos mil 500 hinchas fieles, incluyendo al “loco choche y sus medios pollos” y cuatro huasitos en la barra penquista, comenzó la reivindicación del equipo albiceleste, al conseguir su primer triunfo en el retorno a primera división y jugando de local.
Sin embargo, fue una victoria que podría mover a engaño. Lo dijo clarito un hincha en cuanto escuchó la alineación del cuadro puma: “qué pobre, para un equipo de primera”. Y yo lo interpreté a mi manera: “Que de un burro, no podemos hacer un caballo de carrera”, porque hasta los 41 minutos del primer tiempo estábamos viendo una película repetida, ya que el equipo local carecía de llegada -todos saben que no tiene delanteros de peso- y el arquero Brites, era un espectador más y demoraba la reanudación del juego,  sin ton ni son, ya que muy de vez en cuando, le llegaba algún caramelo a sus manos.
Corrían y sudaban tan poco, que esa interrupción decretada por el árbitro para que tomaran aguita -otro invento inútil de la FIFA-, resultó ociosa, ya que nadie tenía sed y a la postre se transforma en un recurso que favorece al equipo que quiere mantener un resultado. No voy a decir que se transforma en un recurso que le quita vértigo al partido, porque vértigo no había ninguno.
Bueno, en ese incesante peloteo, apichangado, de pronto un balón largo, muy largo por la orilla, Ronald González lo alcanzó al borde de la línea final y lo único que pudo hacer -ya cayéndose- fue un exigido centro y como el balón iba sin fuerza, llegó blandito al primer poste donde estaba el zorrito Martell para empalmarlo con el arco a su disposición. Con esa suerte, es como para irse corriendo a comprar un Kino.
En la segunda fracción, en los minutos iniciales empató el cuadro sureño, con un gol calcado al que le hizo el equipo iquiqueño, la semana anterior y en el mismo arco. Centro, cabezazo y gol. ¿Y la defensa?...bien gracias, mirando cómodamente…
Afortunadamente ingresó “Pablito” Ruíz, que con su segundo golcito, está conquistando a la barra puma. Ya lo dije, en mi comentario anterior, goles son amores y el gol es el producto más apetecido que existe. Recibió el balón, se desmarcó, buscó la mejor posición y se mandó un tiro, donde no llegó el arquero Brites.
Este arquero paraguayo nadie sabe por qué se marchó del CDA, que le abrió las puertas en Chile hace tres temporadas y cumplió un excelente cometido; él no más se perdió las vueltas olímpicas el año pasado. Prefirió marcharse al sur, donde le pagan con cajones de frutas, sacos de cereales y algunas monedas para que pueda movilizarse a los entrenamientos.
Lo cierto es que después del gol, el CDA cedió el terreno, quedando a merced de los visitantes, que también carecieron de un goleador neto, ante la ausencia del “tiburón” Ramos, que viejo y todo, marca la diferencia.
Los pumas terminaron angustiados; la barra mirando el reloj y pidiendo agüita, pero no de sed -ya que había más vendedores de helados que público- sino de desesperación ante un árbitro que hizo jugar cinco minutos de descuentos, algo completamente inusual, sin ser un mal arbitraje, solamente demasiado contemplativo ante los hachazos de los visitantes.
De cualquier manera un triunfo reconfortante, pero calibrado en su justa medida, y a la espera que aparezcan los verdaderos refuerzos que clama el equipo, para mantenerse en primera división. Ni siquiera para pensar en cosas mayores.

jueves, 9 de febrero de 2012

CDA-IQUIQUE A FALTA DE CALIDAD, APARECIÓ LA BUENA SUERTE

Ricardo Araya Maldonado
Periodista


Quienes no asistieron al Estadio Juan López, porque prefirieron disfrutar de un día de playa, o porque encontraron muy elevado el precio de las entradas -la más barata costaba seis mil pesos- no se perdieron nada extraordinario, porque este desabrido e inmerecido premio 1-1 ante los iquiqueños, fue de acciones similares al debut frente a O`Higgins, en el primer partido del torneo, que fue transmitido por televisión.
Por lo mismo, voy a reiterar mis conceptos iniciales, en cuanto a que a este CDA, en primera división le falta peso futbolístico. En cuanto a nombres, el plantel es de precaria alcurnia y los que llegaron, incluyendo a los extranjeros, ninguno ha deslumbrado y, peor aún, ni siquiera  han jugado bien.
Un cuadro abúlico, sin chispa, sin jugadores vivos, sin goleadores innatos, obviamente que queda a merced del rival. E igual que el partido anterior, un juego livianito, sin profundidad, demasiados toquecitos lentos, que se diluyeron en el borde del área…y por favor,  no le pidan que corra al “zorrito” Martell, ya no es un “chiquilín”.
Partido casi calcado al anterior, algunas oportunidades en el primer tiempo que se perdieron por la carencia alarmante de un goleador de estirpe y luego ninguna oportunidad de gol en la segunda fracción, excepto el penal a “Pablito” Ruiz, producto de un pase al vacío y cuando iba a disparar fue derribado muy cerca del arco.
Este larguilucho jugador -mejor dicho un gigante- me hizo recordar a otro “Pablito” -paraguayo-, que llegó en la temporada de 1989; también medía sobre los dos metros y dio la hora a toda orquesta. Jugó uno que otro partido, en esa chacota de la Copa  Chile y después se reintegró a su equipo de básquetbol en gira y del cual se separó, cuando alguien le dijo que en Antofagasta necesitaban un delantero goleador. Era una época en que llegaban al club cualquier charlatán de feria, enanitos de circo; mochileros de verano y turistas pintosos que se llevaban a las bellas mujeres antofagastinas, etc.
Lo cierto es que Ruiz, en su debut, no convenció a nadie; salvo el gol -con una fortuna increíble- porque después que ejecutó el lanzamiento penal, pegándole horrible,  el arquero visitante manoteó el balón hacia él y ante tan primoroso regalo la mandó adentro con el arco a su merced. Y como dijo eufórico un hincha desbocado: “con una ´cuea`, más grande que un buque”…pero justificando de paso su contratación, porque yo siempre he dicho “goles son amores” y, además,  los goles constituyen el producto más escaso y apetecido en la faz de la tierra.
Aparte que “Pablito” tampoco tuvo oportunidad de mostrar nada, ya que tanto el entrenador como sus compañeros, completamente ignorantes del ABC del fútbol, no le dieron bola, como se dice vulgarmente. No le enviaron centros para que se hiciera millonario en el área chica y segundo, en la categoría de errores grotescos, en cada lanzamiento de esquina, en vez de buscar su cabezazo, lanzaban el balón al primer palo. Simplemente, algo increíble en jugadores y entrenador  profesionales.
Es más, ante el rechazo desesperado de la defensa visitante, el balón llegaba a un jugador local y en vez de lanzarlo “a la olla”,  -porque allí estaban Ruiz y el resto de los jugadores locales-, preferían jugarla cortita hacia al lado y en ese juego anodino, en varias ocasiones perdieron el balón, generando peligrosos contragolpes con una defensa desguarnecida, porque todos estaban en el área rival. Conceptos fundamentales, que no se aprenden jugando pichangas sin sentido durante la semana.
Lo cierto es que este pobre 1-1 fue demasiado premio y en vez de retirarse contenta la hinchada, todos salieron con la cara larga, porque aún los más optimistas ya visualizaron también que con este plantel no pasará absolutamente nada. Es la opinión unánime, en cada lugar donde se reúnen a charlar los fanáticos del cuadro puma.
Al finalizar el torneo del ascenso, yo dejé una nómina con los jugadores aptos para desempeñarse correctamente en primera división; pero pudo más la terquedad e ignorancia de algunos. No sé que hacen de titulares, varios jugadores. Y no entiendo como dejan a Escudero en la banca, cuando es más jugador que todos los extranjeros juntos. Tampoco comprendo por qué Huerta no hace los cambios al comenzar el segundo tiempo -con el marcador en desventaja- perdiendo largos minutos en reemplazar a jugadores que no han demostrado nada.
Los temores de regresar a los potreros al final de la temporada, ya superaron mis advertencias y están plenamente instalados entre la afición local, que observa con impotencia y también con desesperación como se diluye tanto esfuerzo y tantos años de lucha por salir de la canchas inhóspitas del ascenso, para caer lastimosamente en lo mismo, al cabo de un año.
Tan sólo la llegada del esperado mecenas –vendiendo el club- nos salvará de la debacle que se avecina, si es que no aparecen los verdaderos refuerzos. Esos que tienen un nombre en el fútbol y, fundamentalmente, experiencia.

martes, 11 de octubre de 2011

UN POBRE EMPATE, POR CULPA DEL “TOQUE, TOQUE”

UN POBRE EMPATE, POR CULPA DEL “TOQUE, TOQUE”
Ricardo Araya Maldonado
Periodista y escritor





El árbitro dio el pitazo inicial y los jugadores antofagastinos iniciaron las acciones con -a lo menos- ocho toques cortitos; tanto que retrocedieron hasta el área de su propio arquero. Ese fue el primer indicio que no sería una tarde feliz, sabiendo que Naval había ganado y los pumas necesitaban vencer a Copiapó para mantener la diferencia de 10 puntos.
Nunca la oncena local se sintió cómoda, ni siquiera las dos veces que fue en ventaja en el marcador, porque en general todo el equipo cumplió un pobre actuación, exceptuando al arquero López, que se mandó tres atajadas que eran goles cantados en el primer tiempo y alguna otra en la segunda fracción, ante una defensa que fue zarandeada por todos lados, notándose la ausencia del experimentado jugador Barra. Precisamente, el primer gol visitante, fue un grueso error defensivo, debido a esa adicción al “toque, toque” aún en plena área chica, en vez de reventar el balón para salvar cualquier situación conflictiva.
A esa porfiada manía del excesivo toquecito intrascendente, se sumó –obviamente- la falta de profundidad; la excesiva centralización del juego; la desubicación en todas las líneas, la debilidad en la marca y la diversidad de errores técnicos y para todos los gustos, como no saber bajar un balón, pegarle defectuosamente, o ignorar cómo utilizar el cuerpo y los brazos en balones divididos; imposibles de corregir en jugadores ya hechos.
Como es sabido, si no anda bien el jugador Escudero, el equipo queda a merced de “a lo que salga”. Y como su cometido fue un desastre –tanto que debió ser sustituido- el equipo hizo agua en la mitad del campo, allí donde se ganan y se pierden los partidos.
Y si Copiapó no se llevó los tres puntos, fue por pura impericia técnica, porque en cada ataque visitante, se derrumbaba la estantería puma y nadie pensaba en la inmensa diferencia de 36 puntos en la tabla de posiciones, entre el puntero y el colista.
Este colista, irremediablemente condenado a tercera división, conducido por un viejo conocido. El flaquito Ibarra, experto en vender pomadas, desenrrollar culebras y sacar la suerte con los naipes, que estuvo muy activo durante todo el partido, gritando, incentivando, reclamando, etc. En cambio, acá se empotraba en la banca y no lo sacaban ni con una grúa del Puerto.
Al final, el empate 2-2 ante el colista, fue poco premio para el equipo copiapino. Y sin marca, ni creación en el mediocampo, Antofagasta fue un equipo sonámbulo. Aparte que nadie grita, -para hacerlos reaccionar, tocarles el amor propio o mandarle saludos a la mamá de quienes la embarran- por la carencia endémica de un líder curtido en mil batallas.
Ante un equipo tan mal parado en la cancha, miraba insistentemente el reloj, para que terminara el sufrimiento y conformarme con un mísero puntito, porque así como sucedían las acciones, rondaba el triunfo de Copiapó en cualquier instante, cuyos delanteros ingresaban hasta la cocina “como Pedro por su casa”.
Inexplicable resultó el cometido de la oncena puma, que se veía un elenco bien estructurado, sólido e incluso derrochaba galanura por largos pasajes en otros partidos, con tranco seguro de campeón.
Se acortó la distancia a ocho puntos y aparecieron las dudas, en cuanto a que sin la tradicional alineación titular, sumado al bajo rendimiento de otros jugadores que son fijos en el equipo, los antofagastinos pasan a ser un cuadro común y corriente. De esos que abundan en la medianía de la tabla de posiciones.
Yo te quiero ver campeón…pero así, con tantos toquecitos cortitos, no se consigue nada.




martes, 27 de septiembre de 2011

¡LOS PRIMEROS 45 MINUTOS, ESTUVIERON DE MÁS!

                    ¡LOS PRIMEROS 45 MINUTOS, ESTUVIERON DE MÁS!

Ricardo Araya Maldonado
Periodista y Escritor



Quítale al primer tiempo, el gol antofagastino conquistado a los 45 minutos por Erick Pino -en la única jugada con velocidad y bien finiquitada- y te queda la más pura expresión de una vulgar pichanga. Si alguien aún no sabía qué significaba una pichanga de fútbol, tendría que haber asistido al Parque Juan López, a presenciar el primer tiempo entre los pumas y Magallanes para aprender de inmediato su soporífero significado. Un ir y venir del balón, sin ton si son; tiros al arco que se iban a las nubes o al banderín del corner; saques laterales por toneladas; algunos caramelos que ni siquiera alcanzaban para entibiar las manos de los arqueros y kilómetros de jugadas cortitas, menuditas, livianitas y otros calificativos afines para acciones tan deslavadas, que a nadie se le hubiese ocurrido pensar que Antofagasta era el puntero y que el equipo carabelero necesitaba puntos urgentes para no desaparecer del fútbol profesional.
Por eso, hasta ese momento, mucho mejor estuvieron las empanadas calentitas –pasadas a cebolla-, que vendía el “do, do por cien”, para entibiar la gélida mañana.
En la segunda fracción fue otro partido, porque la visita buscó la paridad con más hombres en ofensiva y en su adelantamiento generalizado, dejaba inmensos boquerones, muy propicios para meter pelotazos al vacío. Y pelotazos también al rival, porque Antofagasta no mejoró su accionar de forma sustancial, con jugadores de bajísimo nivel como Ronald González y Osmán Huerta, excepto en la jugada del penal que, más habilosito que otras veces, eludió al arquero antes que tirar “a lo que saliera”, al bulto.
Lanzamiento bien ejecutado por Rubina y llegó el tranquilizador 2-0, sin realizar nada extraordinario, debido a este Magallanes que sigue dando la hora con el “Arica” Hurtado en la banca. Un equipo que tan sólo mostró ser un “clon” perfecto de Rangers, la anterior visita. Es decir, nada de nada.
Así fue arrastrándose un triunfo fácil “sin saber leer, ni escribir”; entonces  la preocupación principal ya no fue Magallanes, sino los dos jugadores pumas que salieron lesionados, en jugadas normales y sin que mediara ninguna infracción descalificadora del rival. Además del prematuro agotamiento de ciertos jugadores, que abrió una interrogante respecto a la preparación física del plantel. Ya el año pasado, muchos jugadores terminaron “gateando” y el notorio declive físico, fue una de las causas primordiales de no ascender en las últimas fechas, al fútbol de honor.
Por el momento mandan los números. Esos 10 puntos de diferencia respecto del segundo en la tabla, que es Naval, en una jornada en que todos jugaron a favor de los pumas.
Sin embargo, la grisácea mañana no dio para celebraciones mayores, debido a la tristeza del viaje final de un puma campeón y auténticamente antofagastino, que triunfó en el mítico quillotazo de 1968 y las selecciones antofagastinas: René Jáuregui.
Se le rindió un respetuoso minuto de silencio, previo al inicio del partido.

(Leer entrevista a René Jáuregui, realizada el 2009, en su última visita a Antofagasta).



lunes, 12 de septiembre de 2011

¡SE ME PERDIÓ DE VISTA RANGERS Y NO LO PUEDO ENCONTRAR!

¡SE ME PERDIÓ DE VISTA RANGERS Y NO LO PUEDO ENCONTRAR!
Ricardo Araya Maldonado
Periodista y Escritor





Hasta el minuto 71, el partido de los pumas frente Rangers, se estiraba con un lánguido empate y el cuadro local sucumbía ante un evidente descenso físico, futbolístico y anímico, mientras los huasitos se agrandaban y llegaban con algunos caramelos a la valla de López. Minuto de incertidumbre en que las esperanzas quedaban a merced de los recién ingresados Narváez y Huerta, para volver a propiciarse las jugadas de gol, que no supieron cristalizar en el primer tiempo y que fueron amilanando la fortaleza espiritual de los jugadores pumas y el panorama se tornaba cada vez más grisáceo, en este partido de “seis puntos”, como decían aquellos que les gusta inventar cosas raras.
Vino un tiro libre, por la banda izquierda y en el habitual borbollón de hombres y en el rechazo parcial de la defensa sureña, apareció Ronald González que hizo explotar de júbilo a los dos mil incondicionales hinchas y a otros dos mil aparecidos.
De allí para adelante fue otro partido. Con el estímulo anímico que significó la apertura del marcador, todo cambió. Los jugadores rojinegros se fueron en busca de la paridad  y los pumas se encontraron con abundantes espacios para el contragolpe.
Nada mejor para un mediocampista y un delantero, que sorprender adelantada a una defensa para meter pelotazos al vacío y en profundidad. Y tanto mejor, si se trataba de Rangers, un equipo livianito y con algunos jinetes jugando fútbol. Claro que no todo fue “coser y cantar” para la oncena local, porque en la defensa talquina se escondía un longevo “criminal” de mil batallas en el cuerpo, pero en franca decadencia como es Marco Villaseca.
A partir de aquel “segundo aire”, comenzó el festín puma y muy bien por Giovanni Narváez, que se cuadró con el gol de la tranquilidad. Un antofagastino resistido por la hinchada local, desde tiempos inmemoriales. Y para más remate, cada vez que jugaba se mandaba desafortunadas jugadas que acrecentaba el rechazo de los que no tienen idea de fútbol, porque se trata de un jugador interesante y experimentado; además que tiene buen porte. Todos saben que yo detesto a los jugadores enanos.
Más allá de las cuentas alegres por haber perdido de vista a Rangers, el sublíder en la tabla de posiciones –el CDA le sacó ocho puntos de ventaja- inquieta el excesivo toque de balón del cuadro antofagastino, que para los “pichangeros” neófitos, pudiera aparecer atractivo, pero que es improductivo y también exasperante, cuando carece de rapidez, profundidad y sorpresa. Y durante largos pasajes del encuentro los jugadores albicelestes cayeron en ese jueguito anodino y estéril; razón fundamental del fracaso del fútbol chileno a nivel internacional.
Aún así, los pumas van en alza y se nota un equipo sólido y bien afiatado; pero lo que más pesa al ser evaluado por los rivales, es la mística que luce; esa aura que irradia, solamente el equipo que posee alma de campeón.